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De un tiempo a esta parte, se ha puesto de moda una palabra que -por cierto- no es inglesa: procrastinar. Aunque es prácticamente imposible de pronunciar (he oído decir procastrinar, pocrastinar, procrastrinar…), es un verbo tan español como beber. Y, al igual que el 85% de nuestro léxico habitual, procede del latín procrastinare (adelantarse al futuro).

En realidad, procrastinar es un síndrome o problema conductual consistente en postergar (deberíamos usar mejor esta palabra) hasta el último momento la realización de una tarea obligatoria. Ejemplos de procrastinación es enviar el informe requerido por el jefe justo el último día del plazo o deadline dado, estudiar la noche antes de un examen, o dejar las compras de Reyes a la tarde del 5 de enero.

Procrastinar en el trabajo

En el ámbito empresarial y laboral, procrastinar es una conducta habitual en determinados perfiles: personas que tienen una autoestima baja y que, por ello, evitan empezar una tarea porque creen que les supera; personas que conceden tanta importancia a su tiempo que postergan las tareas hasta que no tienen más remedio que hacerlas; y personas indecisas y/o perfeccionistas que hacen y deshacen la tarea y no la llegan a terminar nunca. Este último tipo recuerda tanto a Penélope, la mujer de Ulises que tejía su vestido de bodas por el día y lo destejía por la noche para no tener que contraer matrimonio con uno de sus múltiples pretendientes, que los psicólogos -siempre tan mitómanos- han denominado a este problema el “complejo de Penélope”.

En las organizaciones donde hay procrastinadores, es prácticamente imposible cumplir plazos, y mucho menos “adelantar el trabajo”, pues siempre hay algún trabajador en el proceso que atasca la cadena por dejar todo para el último momento o -directamente- no llegar a cumplir con el plazo.

Cómo dejar de procrastinar

Este problema debería ser abordado como lo que es: un problema cognitivo-conductual que tiene un tratamiento terapéutico bastante sencillo, y que debería ser atendido por los departamentos de Recursos Humanos mediante formación y atención psicológica. Una serie de ejercicios tutorizados por un/a especialista es suficiente para que los procrastinadores puedan enfrentarse a su problema y superarlo. Para eso deberíamos contar, además, con enfermeros/as del trabajo en las empresas o subcontratas que realicen esta atención a los trabajadores en puestos clave.

Además de esta atención profesional, todos nosotros deberíamos conocernos un poco más a nosotros mismos. Cualquiera que haya sentido ansiedad ante un plazo demasiado ajustado, ante una tarea que se nos antoja imposible o titánica, o un irrefrenable deseo de corregir y revisar hasta el infinito el trabajo antes de entregarlo, es un procrastinador en potencia. En el fondo, como siempre, la clave está en lo que dijo un sabio griego como la base de todo conocimiento: nosce te ipsum. Conócete a ti mismo.

Juan Luis Posadas

Director Académico de Negocios y Estrategia Business School

Juan Luis Posadas 10-01-2018
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