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La Formación, un negocio con mucho pasado... y mucho futuro

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Un día cualquiera de hace cinco mil años, un humilde escriba de Sumer (actual Irak), decidió fundar una escuela para enseñar a escribir, leer y “hacer cuentas” a sus aprendices: no era consciente de que había inventado la educación y, en concreto, la formación profesional.

Desde que los seres humanos dejaron de vivir en cuevas y pasaron a vivir en pueblos y ciudades, se hizo evidente que los conocimientos tenían que construirse sobre la experiencia acumulada en las generaciones anteriores. Y esto solo podía hacerse si los viejos enseñaban lo que sabían a los jóvenes. Y si estos incorporaban nuevas técnicas que también enseñaban a la generación siguiente. Cuando los conocimientos acumulados no podían seguir confiándose a la memoria, los sumerios inventaron los libros de texto.

La formación ha continuado siendo básicamente una ecuación que se resuelve teniendo en cuenta los siguientes factores:


Siendo F la formación; P el profesor; C el conocimiento que se imparte; A el alumnado; y S el sitio físico donde transcurre la acción formativa*

Esta fórmula que propongo -que no pretende tener ninguna validez científica- puede interpretarse de la siguiente manera: habrá formación cuando el conjunto formado por  un profesor con experiencia y un contenido a impartir, se multiplica por el número y calidad de los alumnos (que, por tanto, son parte fundamental y multiplicadora de la acción formativa) y el resultado se divide por el lugar físico donde se ejecuta dicha acción. Es decir, la calidad de la formación depende de lo bueno que sea el profesor y el contenido que imparte, multiplicado por la calidad de sus alumnos, quedando limitado el resultado por las características de lugar donde se imparte dicha acción.

Durante cinco milenios, la formación ha venido determinada por la calidad del profesor y de unos conocimientos sacralizados en forma de libro de texto, por un alumnado poco participativo y desmotivado, y todo ello enmarcado en un tipo de aula orientada a la atención pasiva del alumnado. De tal manera que, aplicando la fórmula antedicha, la desmotivación del alumnado y lo obsoleto del lugar físico de clase, desvirtuaban la formación y la reducían prácticamente a 0.

Lógicamente, la revolución digital ha llegado para cambiar este estado de cosas. Ahora, la enseñanza no está enfocada en el profesor ni en “su” libro. Está enfocada en el alumno, que según nuestra fórmula es un factor multiplicador. Por tanto, el profesor pasa a ser un elemento más en el proceso de enseñanza-aprendizaje,y el contenido no le pertenece sino que está compartido en la Red.

El otro gran elemento que ha cambiado la revolución digital es el factor S, el sitio o aula donde se desarrolla la formación. Como elemento divisor, las características de un aula física donde los pupitres individuales miran todos hacia el profesor y la pizarra, un aula física –por tanto- orientada al profesor y a su sabiduría, restaba gran parte de la eficacia de la formación impartida. La revolución digital ha transformado las aulas físicas, convirtiéndolas en islas conectadas por wifi, dotadas de tablets y portátiles, volcadas a la robótica, donde los alumnos trabajan en grupo, intercambian puntos de vista, debaten y nutren el contenido incorporando sus propias conclusiones al mismo.

Más allá del aula física, la formación del siglo XXI ha incorporado la enseñanza online por medio de potentes plataformas de aprendizaje donde la interacción entre alumno y profesor es de igual a igual, donde los contenidos se actualizan a golpe de clic, donde las clases se programan y comunican a través del móvil, y donde las aulas son por videoconferencia y los alumnos pueden seguir su formación desde un continente distinto a donde está el profesor, o en cualquier lugar donde exista conexión a Internet.

Desde el pasado en el que muchos nos hemos formado, aprendiendo de los errores de la formación presencial tradicional, pero incorporando también algunas de sus ventajas, en Negocios y Estrategia Business School estamos con la formación del siglo XXI en la que los alumnos multipliquen lo impartido por el mejor profesorado posible, y la plataforma de aprendizaje divida lo menos posible.


Juan Luis Posadas
Director Académico de Negocios y Estrategia Business School



*Copyright de la fórmula: Juan Luis Posadas Sánchez


Juan Luis Posadas 07-11-2017

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